jueves, 8 de diciembre de 2011

Si seguimos así... en Venezuela no quedará un bosque en un lapso de 40 años

Venezuela tierra de gracia, tierra de contraste. Ocupamos el décimo lugar en el mundo en biodiversidad. Lo nuestro es un problema cultural, queremos vivir de talar, quemar y cavar. Pareciera que tenemos un minero o un Leñador en la mente.

Uno de los privilegios de Venezuela es que cerca de la mitad se encuentra cubierta de bosques. El 80 % se encuentra al sur del Orinoco. En la mitad norte del país, con el 90% de la población venezolana, los bosques cubren apenas el 20% de la superficie. Se encuentran además fraccionados, intervenidos y severamente degradados. Se estima que cerca de dos tercios de la superficie forestal original de Venezuela al Norte del Orinoco ya ha sido destruida.

Una de las consecuencias es la escasez de agua que hoy afecta a una buena parte de la población venezolana, tanto para el consumo doméstico, como para la irrigación de tierras agrícolas o la producción de energía eléctrica. La escasez más pronunciada se registra en la altamente poblada zona costera central, incluyendo a las ciudades de Caracas y los centros industriales de Valencia y Maracay, Region esta, con más de la mitad de los habitantes del país.

Otras consecuencias de la destrucción de los bosques son: un significativo aumento en la frecuencia e intensidad de sequías e inundaciones, con daños a la producción agrícola, represas hidroeléctricas, sistemas de irrigación, vías de comunicación, empresas y hogares; erosión y pérdida de la fertilidad de los suelos; y crecientes dificultades en el suministro de leña, alimentos, medicinas, materiales de construcción y otros productos tradicionalmente suministrados por los bosques a comunidades indígenas y campesinas; las altas tasas de deforestación implican que Venezuela es también uno de los países con mayor cantidad de emisiones de gas carbónico por habitante de América Latina. La pérdida progresiva e irreversible de buena parte de la biodiversidad del país.

En Venezuela por ejemplo, el consumo de petróleo y gas natural genera la emisión de 140 millones de toneladas métricas anuales de CO2. En consecuencia, las emisiones de CO2 por habitante, sólo por el consumo de combustibles fósiles, son significativamente superiores a las de Argentina, Chile, Colombia, Perú y las del resto de los países de América Latina. Lamentablemente, la deforestación en Venezuela contribuye con 145 millones de toneladas métricas adicionales de CO2, duplicando las relacionadas con el consumo de energía fósil.

Venezuela es uno de los 8 países del mundo más ricos en biodiversidad. La mayor proporción de esa variedad de plantas y animales se encuentra en los bosques naturales del país. La deforestación implica la erradicación definitiva e irreversible de miles de especies.

La destrucción y degradación de bosques en Venezuela se ha convertido en una amenaza a la estabilidad ecológica, y por ende a la estabilidad económica y social del país. Con los bosques se pierde uno de los principales sustentos de modelos de desarrollo efectivamente sostenibles en el tiempo.

La destrucción de bosques en Venezuela continúa a tasas alarmantes. Según la Organización de Naciones Unidas, Venezuela ha venido registrando en los últimos 28 años una de las tasas de deforestación más altas de América Latina.

Durante la década de los 70, los bosques de Venezuela fueron talados a razón de 245.000 hectáreas por año (FAO, 1988). En la década de los 80 la destrucción aumentó en forma dramática, para alcanzar un promedio de 600.000 hectáreas por año (FAO: FOREST RESOURCE ASSESSMENT 1993). Sólo en 10 años se destruyeron en el país 6 millones de hectáreas de bosques, una superficie equivalente a la de toda Costa Rica.

Venezuela se convirtió así en uno de los países con las más altas tasas de destrucción de bosques de América Latina. La tasa de deforestación en Venezuela desde 1980 hasta 1995 (1.1%) fue equivalente al doble de la del Brasil, y tres veces superior a la del Perú (FAO: STATE OF THE WORLD’ S FORESTS, 1997).

Los países con mas deforestación anual:

Burundi, 9. 0 %;

Haití, 5. 7 %,

El Salvador, 4. 6;

Ruanda, 3. 6 %;

Nigeria, 3.7%

Costa de Marfil 3. 1;

Nicaragua, 3. 0 %;

Mauritania 2. 7%;

Venezuela, 0.8 %.

La tasa de deforestación en Venezuela sobrepasa el 2.8 por ciento anual, es decir se deforestaron 1,300 millones de hectáreas anualmente, más del doble que en el quinquenio anterior. Si se ha mantenido el porcentaje de deforestación de los países señalados, Venezuela ocuparía actualmente el décimo lugar en el mundo entre los países con mayor porcentaje de deforestación de sus bosques. A este nivel de deforestación, en Venezuela no quedará un bosque en un lapso de 40 años. Pasará a ser un país desertificado, con catastróficas consecuencias para su población.

La deforestación que es la desaparición de bosques propiciada por los seres humanos por medio de la tala y quema de árboles, se hace principalmente para obtener la materia prima de la industria maderera, y en Venezuela aparece justificada en las leyes ambientales para la obtención de suelos aptos para la producción de alimentos por medio de la agricultura y la ganadería. Lo que, no parece del todo cierto porque los indicadores de producción de alimentos son negativos, haciendo contraste con el alto índice de masas forestales desaparecidas.

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Los bosques son probablemente el patrimonio más valioso que nos ha regalado la naturaleza. Vivimos en una sociedad donde un árbol tiene valor después que se le ha derribado y se le ha calculado los metros cúbicos de madera.

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Cuando un bosque ha sido reducido o fragmentado se crean condiciones poco aptas para la fauna, diferentes a las condiciones del bosque original continuo, disminuyendo la biodiversidad. Al fragmentar la vegetación aumenta el riesgo local de extinción de especies. La extinción de una especie es irreversible.

El oxígeno que produce sus hojas permite que cada uno de los seres humanos respiremos. Se calcula que cada persona necesita de 50 árboles, aproximadamente, para producir los 10 metros cúbicos del aire que inhalan. La Tierra no puede más y nos está cobrando la factura y aunque no todos tenemos la misma cuota de responsabilidad, ella no mira clases sociales ni posición económica o creencias religiosas.

Leído en SE HABLA VERDE

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